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jueves, 30 de abril de 2015

Problemas de dislexia y problemas de visión: ¿relación directa?

la imagen muestra unas gafas de lentes apoyadas en un libro
Hace ya unos meses se nos planteó una cuestión bastante interesante relativa a la asociación entre baja visión y problemas en la lectura. Se debió a que en algunas ocasiones se aprovechan situaciones de alumnos con bajos niveles de rendimiento escolar para prescribir lentes por parte de ópticos como solución a estos problemas.


Para establecer una respuesta clara a la cuestión planteada deberíamos dividirla en dos bloques bien diferenciados según los aspectos de la propia consulta: por un lado tendríamos que aclarar el concepto de optometrista u óptico; y por otro, hablar de la inexistente vinculación entre dificultades específicas de aprendizaje y problemas visuales. Toda la respuesta que se va a plantear está siempre realizada desde un punto de vista puramente subjetivo y personal, aunque basado en la propia experiencia como “terapeuta” de niños con problemas visuales.

Comencemos por el primero de los dos puntos. El oftalmólogo debe ser el único encargado de determinar los problemas y patologías visuales que tiene el niño, delimitando no sólo su agudeza visual, sino su funcionalidad y eficacia visual, rendimiento y pronóstico. Una vez delimitados sus problemas, es el óptico (optometrista) el que interviene, caso de ser necesario, para la prescripción de lentes que corrijan aquellos problemas visuales referidos a refracción, motilidad, etc. Cuando interviene en casos de problemas de baja visión de patologías llámense retinosis, retinopatías, Stargardt, cataratas y algunas otras; los problemas de refracción añadidos a esas patologías no suelen ser determinantes a la hora de lograr una mejoría visual que incremente la agudeza visual. Si no hay altas refracciones, no suele ser significativo el incremento que se consigue, pues las lentes prescritas corrigen defectos de agudeza visual que como bien es sabido radican en la parte de la retina central o mácula y cuando esta zona se ve afectada no hay muchas posibilidades de mejora en tareas de visión lejana; y si una mejoría mayor en tareas de visión cercana, con el uso de lentes positivas (Martínez Merchante, M.A.)


la imagen muestra una mano sujetando una página de un libro

Por tanto, el optometrista sólo debemos entenderlo como aquél que prescribe lentes para corregir algunos problemas visuales, y nunca un terapeuta visual, que dicho sea de paso, no es un término muy apropiado para el caso en tanto en cuanto la terapia se define como un tratamiento para una enfermedad, y los casos de patologías visuales no pueden ser considerados como “enfermedad”.


Una vez que hemos delimitado este aspecto, el segundo de los bloques planteados puede que sea el más clarificador. En aglunos artículos se habla de la posibilidad de que el TDAH o la dislexia puedan explicarse mejor en un 70% de los casos, y según información extraída de algunas fuentes dudosas, por problemas visuales. Esto podría ser plausible, o al menos creíble si atendemos a un aspecto tan lógico y básico como que para leer tenemos primero que percibir el estímulo visual relativo a la grafía. Por tanto es bastante fácil argumentar que en un niño que tenga dificultades en la lectura, éstas vengan precedidas por un problema en la identificación y discriminación de las formas relativas a cada una de las letras, alterando de forma grave la decodificación de las mismas y por tanto el proceso mismo de la lectura.

No obstante, para un análisis más exhaustivo del tema, debemos primero comenzar por analizar la definición propia de dislexia:
Las dificultades lectoras son denominadas con frecuencia como “dislexias”. El “Manual de Atención al Alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo derivadas de dificultades específicas de aprendizaje: dislexia” (CEJA, 2011), nos aclara que, desde la perspectiva educativa, la definición que más extensión está teniendo es la que identifica la dislexia como un trastorno específico del aprendizaje de la lectura de base neurobiológica, que afecta de manera persistente a la decodificación fonológica (exactitud lectora) y/o al reconocimiento de palabras (fluidez y velocidad lectora) interfiriendo en el rendimiento académico con un retraso lector de al menos dos años. Suele ir acompañado de problemas en la escritura. Se da en personas con un desarrollo cognitivo o inteligencia normal o alta. Es un trastorno que no puede ser explicado por discapacidad sensorial, física, motora o intelectual, ni por falta de oportunidades para el aprendizaje o factores socioculturales.


la imagen muestra un ojo en la sombraLa propia definición de dislexia excluye la discapacidad sensorial, pero no obstante entremos en valoraciones. Si el problema que deriva en dificultad específica de la lectura o dislexia proviniese exclusivamente de un problema visual, podríamos concluir que este problema se vería reflejado únicamente en una dislexia de superficie, donde el alumno manifestaría problemas en el reconocimiento de palabras o letras. En este tipo de dislexia los errores fundamentales que el lector comete son de percepción y discriminación viso-espacial. En este caso es la ruta visual, o léxica la que no funciona, por lo que el sujeto usa prioritariamente la fonológica. Estos disléxicos son capaces de leer cualquier palabra, o pseudopalabra, con tal de que se ajuste a las reglas de correspondencia grafema-fonema, aunque sea lenta y laboriosamente. Pero no pueden leer las palabras de pronunciación irregular, debido a la pronunciación "regularizada" e incorrecta que obtienen, que no se corresponde con ninguna palabra real. En castellano no hay ninguna palabra irregular, por lo que no sería un síntoma visible entre nuestra población de lectores. 
Es decir, el 90% de los niños españoles aprenden a leer por la ruta ortográfica, utilizando prioritariamente el almacén fonoarticulatorio, y por tanto dejando en un segundo plano el aprendizaje de la lectura por la ruta visual.


Otro argumento que sin duda tiene un peso substancial en esta respuesta hace referencia a que este tipo de argumentaciones que dicen que los problemas visuales pueden ser el detonante de los problemas en la lectura no se sustentaría de ninguna manera si atendemos a la población ciega.
 
Según este tipo de argumentaciones el niño ciego tendría siempre un problema asociado al proceso de decodificación de la lectoescritura, y en mi propia experiencia puedo negar categóricamente esta afirmación. El alumno ciego puede adquirir una velocidad lectora similar al del vidente y obtener una puntuación bastante buena en ejercicios de comprensión lectora.

Pero también podemos darle una vuelta de tuerca más. Si invertimos la cuestión y nos planteamos una duda en virtud de la afirmación de que los problemas visuales pueden ayudar a explicar los problemas de dislexia, esta duda quedaría así: Los niños con problemas visuales diagnosticados, ¿tienen siempre problemas de dislexia? Una vez más apelando a la propia experiencia acumulada, puedo confirmar que no existe una vinculación directa observable entre los problemas de baja visión y la dislexia. Existe una gran población de alumnos con patologías visuales importantes que, una vez que son capaces de poner en práctica sus propias estrategias de eficiencia visual, sea con ayudas ópticas, ampliación de caracteres o cualquier otra adaptación, y logran reconocer los atributos perceptibles de cada una de las letras, éstos son capaces de leer adecuadamente sin presentar ningún tipo de error en la decodificación. Por tanto se pone de manifiesto que la dislexia, como apuntábamos en un principio, se debe a un problema neurológico que no puede ser explicado por una discapacidad visual.

Antonio A. Márquez Ordóñez
@AMarquezOrdonez

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